
Hoy nos es imposible mirar esta plaza con los mismos ojos. En el Museo Garnelo contemplamos Capea en Las Navas del Marqués con el corazón encogido, compartiendo ese vilo y esa angustia que ahora mismo inunda a todos sus vecinos.
Nuestra primera mirada no se detiene en la fiesta, ni en los trajes, ni en la luz que el maestro pintó en 1902 bajo el perfil del Castillo de Magalia y la torre de San Juan Bautista. Hoy los ojos se nos van, con miedo e infinito respeto, a lo que hay detrás; a esos paisajes que guardan el alma de un pueblo, a esa imponente masa forestal que corona el horizonte. Ese mar de pinos y monte serrano es una auténtica catedral verde, un pulmón majestuoso que Garnelo retrató como el gran tesoro y orgullo de vuestra tierra. Ese paisaje eterno, que respira con la fuerza de la naturaleza más pura y que ha visto crecer a vuestros abuelos y a vuestros hijos, es el que hoy miramos con el alma en vilo mientras veis el humo acechar desde la distancia. Sabemos el miedo que da ver el peligro tan cerca, rezando para que el viento no cambie y deseando con todas las fuerzas que no toque vuestro término municipal.

El arte, cuando la realidad golpea, adquiere la capacidad de convertirse en un lazo invisible. Al mirar de cerca el cuadro, también vemos la viva estampa de una comunidad unida, un pueblo que comparte el mismo suelo, la misma plaza y el mismo destino. Queremos mandaros todo nuestro aliento, vuestra preocupación es la nuestra. Fuerza a cada vecino que hoy aguarda en vilo y todo el coraje del mundo a los equipos de emergencia que se están dejando el alma ahí fuera para proteger vuestro monte y frenar el desastre.
Ojalá la amenaza pase de largo muy pronto, ese horizonte eterno que Garnelo inmortalizó seguirá siendo el refugio verde, vivo y sagrado de siempre. No estáis solos en esta espera.
