
Hace veinte años…
Aunque el viejo tango dice que “veinte años no es nada”, no es así en todos los casos. A veces, veinte años es toda una vida, o un recorrido, con sus altibajos, con las metas conseguidas y las aún por alcanzar. El Museo Garnelo cumplió ayer veinte años; se inauguró el 16 de junio de 2006, un caluroso día de aquel incipiente verano, despues de varios años de obras de reforma en la Casa de las Aguas. Fue una jornada de emociones y alegría, la culminación de un proyecto que comenzaba con el milenio, aunque la intrahistoria del Museo se remontaba mucho antes, a los años ochenta en los que nació la idea de crear una institución que conservase la obra de José Garnelo. Manuel Cabello de Alba Moyano, que aprendió de su abuelo, D. Enrique Moyano el arte de educar la mirada, a través de las obras de Garnelo, imaginó un día el museo que ahora todos contemplamos y admiramos. Fue una larga espera, una espera activa, trabajando, investigando, recopilando noticias, inventarios, ayudado por Fidel Romero, personaje fundamental en estos años de formación.

Después vendría la ocasión propicia, el momento adecuado para que el proyecto fructificase. Manuel proponía que fuese un proyecto de consenso, que ningún grupo político pudiese protagonizar algo que, en realidad, debía pertenecer a todos. Con el tiempo, quedó demostrado cuánta razón tenía, que para que un proyecto dure necesita una base consistente, firme, un acuerdo pleno que permita estar a salvo de veleidades de cualquier signo.
Han pasado veinte años y el Museo Garnelo tiene lo que podríamos decir una vida, un pasado, una trayectoria con hitos importantes (su relación con los Museos de Bellas Artes, sus amistosos lazos con el Museo del Prado y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, su presencia en exposicionales nacionales e internacionales) y también tiene unas carencias que es preciso resolver. Como en este escrito no se trata de hacer balance sino de recordar, con emoción, una feliz efeméride no vamos a hacer recuento de metas conseguidas y de perentorias necesidades. Pero esta veintena de años tienen que hacernos reflexionar sobre el futuro. Un museo no es —o no debe ser— una mera exhibición de obras de arte, anclado en un pasado glorioso. Un museo es un ente vivo, activo, dinámico. Necesita conservación, investigación, difusión y, desde luego, dirección. Quizá sea este un buen momento para plantearse todos esos retos y encarar con esperanza, con entusiasmo los próximos veinte años.
José Antonio Cerezo. Director Honorario del Museo Garnelo.
